El café es originario de Arabia y se datan sus primeras
plantaciones en el siglo XIV.
Primero se masticaba el fruto, más tarde se machacaba y
amasaba con grasa y finalmente tal y como lo conocemos actualmente se tostaba y trituraba
para preparar la ancestral infusión.
Los Arabes conocían perfectamente las magníficas
propiedades del café, y como si de un tesoro se tratase, intentaron evitar que otros
países se apoderarán de el, guardando sus secretos y prohibiendo la exportación del
producto, semillas u arbustos cafetos. Pero inevitablemente las plantaciones de café se
extendieron en todo el mundo.